{"id":3211,"date":"2017-05-08T21:47:34","date_gmt":"2017-05-09T02:47:34","guid":{"rendered":"http:\/\/jenzera.org\/web\/?p=3211"},"modified":"2020-05-01T15:38:32","modified_gmt":"2020-05-01T20:38:32","slug":"mundos-en-colision-mundos-encontrados-1","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/jenzera.org\/?p=3211","title":{"rendered":"Mundos en colisi\u00f3n, mundos encontrados [1]"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><strong><a href=\"http:\/\/jenzera.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/mundos-en-colisio\u0301n..2.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-large wp-image-3212\" title=\"mundos en colisio\u0301n..\" src=\"http:\/\/jenzera.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/mundos-en-colisio\u0301n..2-778x1024.png\" alt=\"\" width=\"620\" height=\"816\" srcset=\"http:\/\/jenzera.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/mundos-en-colisio\u0301n..2-778x1024.png 778w, http:\/\/jenzera.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/mundos-en-colisio\u0301n..2-227x300.png 227w, http:\/\/jenzera.org\/web\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/mundos-en-colisio\u0301n..2.png 921w\" sizes=\"(max-width: 620px) 100vw, 620px\" \/><\/a>Santiago Mora<a href=\"#_ftn1\"><strong>[*]<\/strong><\/a><\/strong><em> <\/em><\/p>\n<p><em> <\/em><\/p>\n<p><em> <\/em><strong> <\/strong><\/p>\n<p>A principios del siglo \u00a0XX, un solitario etn\u00f3grafo alem\u00e1n recorr\u00eda la selva amaz\u00f3nica. Su trabajo bien habr\u00eda podido cambiar la forma en la cual descubrimos este mundo; lamentablemente, s\u00f3lo una selecta audiencia tuvo acceso a sus escritos. A pesar de ello, no es exagerado afirmar que creaba un mundo hasta entonces insospechado, un mundo que a\u00fan hoy se puede descubrir.<\/p>\n<p>Theodor Koch-Gr\u00fcnberg ten\u00eda una aguda capacidad de observaci\u00f3n, una sorprendente habilidad para describir y registrar todo aquello que observaba; m\u00e1s que nada, estaba pose\u00eddo por un ilimitado deseo de entender. Como buen etn\u00f3grafo, sab\u00eda que si bien \u00e9l estudiaba las costumbres de los ind\u00edgenas, estos \u00faltimos hac\u00edan lo propio con las suyas, pues para muchos de los nativos resulta indispensable entender las razones que llevan al etn\u00f3grafo a alejarse, sin ninguna compa\u00f1\u00eda, de su mundo. Internarse en lo desconocido y dejar atr\u00e1s todo lo que tiene sentido. \u00bfQu\u00e9 lleva a este ser a entrar en un mundo que le es ajeno?<\/p>\n<p>El mutuo inter\u00e9s por el otro que han sentido nativos y etn\u00f3grafos \u00fanicamente se puede transformar en conocimiento si entre ellos media una cierta dosis de confianza. Por esto es necesario humanizarse ante los ojos del otro, descubrir lo semejantes que somos pese a las diferencias que nos separan. S\u00f3lo as\u00ed nativos y etn\u00f3grafos pueden entender al otro. Tal vez por ello Koch-Gr\u00fcnberg no ten\u00eda ning\u00fan reparo en hablar sobre su vida en Alemania; tal vez por ello los nativos le permitieron permanecer en la maloca y observar, mientras conversaban. Koch-Gr\u00fcnberg relata c\u00f3mo en cierta ocasi\u00f3n, despu\u00e9s de una conversaci\u00f3n en la cual los ind\u00edgenas le preguntaron sobre el mundo del cual proven\u00eda, \u00e9l se atrevi\u00f3 a ense\u00f1arles una fotograf\u00eda que llevaba consigo. En la fotograf\u00eda, la esposa y los hijos del etn\u00f3grafo posan frente a su casa. No result\u00f3 para nadie sorprendente que el etn\u00f3grafo tuviera una familia, pues casi siempre se piensa que la normalidad la da la pertenencia a una familia. Lo que s\u00ed sorprendi\u00f3 es que en la fotograf\u00eda se ve una sustancia blanca, inexplicable, que lo cubre casi todo: el techo de la casa, el suelo y hasta los \u00e1rboles se encuentran recubiertos con este \u00abmaterial\u00bb. El etn\u00f3grafo proven\u00eda, sin lugar a dudas, de un mundo blanco; a lo mejor para los nativos eso explicaba su palidez.<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil imaginar los esfuerzos que realiz\u00f3 Koch-Gr\u00fcnberg para revelar la naturaleza de esta sustancia.\u00a0 Insisti\u00f3 en el hecho, indudable, del efecto de la temperatura en las caracter\u00edsticas de algunos l\u00edquidos. Posiblemente argument\u00f3 c\u00f3mo el agua, al exponerse al calor de la candela, se transforma en vapor. Intent\u00f3 crear en la mente de su audiencia una analog\u00eda que permitiera imaginar que si el calor se remplazara por un intenso fr\u00edo, el agua, que en el primer caso se transform\u00f3 en un gas, en el segundo se transformar\u00eda en una piedra. El etn\u00f3grafo trat\u00f3 de hacer l\u00f3gico el origen de la nieve y el hielo para quienes nunca lo han visto, o siquiera imaginado.\u00a0 Un objeto impensable se presentaba ante los ojos de los miembros de una comunidad que, con toda seguridad, miraban at\u00f3nitos a este extra\u00f1o personaje.<\/p>\n<p>Por supuesto que los ind\u00edgenas sab\u00edan que los cambios de temperatura tienen efectos sobre el mundo.\u00a0 Ninguno de ellos desconoc\u00eda esta realidad. Cuando un \u00abfriaje\u00bb \u2014una masa fr\u00eda de aire que se desplaza desde el sur, cubriendo la Amazonia\u2014 llega a sus tierras, el bosque y sus habitantes enmudecen. De la tupida selva no emerge ning\u00fan ruido; en las chagras no se escucha el cantar de las aves; en las quebradas no se oye el croar de las ranas; ya no suenan en los pastizales las sirenas que prenden las chicharras para festejar o ahuyentar el calor del mediod\u00eda. Durante el friaje todos los animales se han reunido con los miembros de las comunidades a las cuales pertenecen para hablar, para discutir, para discernir las razones y consecuencias de este inesperado evento. Es un tiempo para pensar, para debatir a la espera de mejores \u00e9pocas. Los nativos permanecen tambi\u00e9n en el interior de la gran casa comunal, en la cual las hogueras arden sin tregua.<\/p>\n<p>Esa misma noche, desde su hamaca, sumido en la oscuridad, Koch-Gr\u00fcnberg escuch\u00f3 la conclusi\u00f3n a la que hab\u00edan llegado algunos de los nativos despu\u00e9s de examinar la fotograf\u00eda y escuchar las explicaciones que \u00e9l les hab\u00eda dado. Indudablemente, este europeo era un necio, un alucinado, un cretino. \u00bfC\u00f3mo puede el agua ser de piedra?<\/p>\n<p>Los nativos y el etn\u00f3grafo se hab\u00edan distanciado no porque se dudara de la humanidad de uno o de los otros. No eran diferentes, s\u00f3lo lo eran sus mundos. Los alejaba un paisaje inexplicable. Viv\u00edan en espacios con reglas diferentes, universos distantes e irreconciliables. Las normas que organizaban el comportamiento de las cosas all\u00e1 no ten\u00edan ning\u00fan sentido ac\u00e1.<\/p>\n<p>M\u00e1s de cien a\u00f1os han transcurrido desde este incidente.\u00a0 La selva se ha incorporado poco a poco al mundo del cual el etn\u00f3grafo emergi\u00f3; cientos de productos y materias primas se extraen de ella. Muchos de los nativos desaparecieron, as\u00ed como tambi\u00e9n una buena parte de la jungla. Unos pocos de ellos a\u00fan habitan en un mundo que no puede entender el extra\u00f1o universo del etn\u00f3grafo. La voz del etn\u00f3grafo, y los conocimientos que adquiri\u00f3 en su largo deambular, se diluyen bajo el bullicio de las m\u00e1quinas que hacen los pozos para extraer petr\u00f3leo, que sondean aqu\u00ed y all\u00e1 los suelos en busca de metales o que crean avenidas que cortan un mundo cuyas reglas no entendemos.<\/p>\n<p>A pesar de todo, las discrepancias de estos mundos han prevalecido, ya que se fundan en razones profundas, no s\u00f3lo en las apariencias del paisaje. Vale la pena intentar entenderlas, a lo mejor all\u00ed podemos encontrar opciones para el presente.<\/p>\n<p><strong>El mundo del etn\u00f3grafo <\/strong><\/p>\n<p>El cosmos del etn\u00f3grafo se origin\u00f3 en la tradici\u00f3n judeocristiana.\u00a0 Una tradici\u00f3n capaz de asimilar a todas las tribus de b\u00e1rbaros que se opusieron a la expansi\u00f3n del imperio romano. Un imperio que asimil\u00f3, incluso, a todos aquellos que lo destruyeron. Con el tiempo, grupos como los visigodos, los vikingos, los eslavos o los mayard, que se enfrentaron a los romanos, terminaron siendo tan cristianos como ellos, o quiz\u00e1s m\u00e1s. Estas creencias les permitieron consolidar, en los tiempos de atomizaci\u00f3n, la centralizaci\u00f3n del poder en una instituci\u00f3n: la Iglesia. Pero los romanos no s\u00f3lo les legaron a estas gentes una fe: sus leyes, c\u00f3digos, historias, viviendas, calles, palacios y mercados fueron una inagotable fuente de inspiraci\u00f3n. Hoy, las ruinas de este imperio se encuentran por doquier.\u00a0 Viejos coliseos, antiguos acueductos, abandonados lapidarios: el legado de los antiguos amos sigue potenciando las realizaciones de la Europa de hoy.<\/p>\n<p>Las creencias religiosas impartidas en este universo no intentaban perfeccionar el mundo, buscaban mejorar el esp\u00edritu humano. La excelencia no pod\u00eda ser m\u00e1s que moral y por ello, en una gran medida, personal.\u00a0 Dios les proporcion\u00f3, seg\u00fan sus textos, el mundo material para que lo emplearan en este proceso, en esta b\u00fasqueda de la perfecci\u00f3n espiritual. El mundo-recurso de los europeos era un espacio que simplemente se deb\u00eda usar. Se lleg\u00f3 a pensar que era inmutable e infinito: un proveedor incansable de todo aquello que se necesitara.\u00a0 Pensadores como Georges Cuvier, a principios del siglo xix, enfrentaron grandes problemas para demostrar que el mundo cambiaba. Era dif\u00edcil aceptar, en aquella \u00e9poca, que una secuencia interminable de cat\u00e1strofes hab\u00eda dado forma al actual paisaje; no obstante, una vez que este pensamiento se tom\u00f3 seriamente cobr\u00f3 un nuevo sentido la relaci\u00f3n entre el crecimiento de las poblaciones y los recursos a su disposici\u00f3n. Al aceptar la mutabilidad de la naturaleza y la existencia de una encarnizada competencia entre poblaciones e individuos, se abri\u00f3 la puerta a la idea de la evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>El din\u00e1mico mundo, descubierto en el siglo XIX, se empezaba a entender cuando se lo examinaba con un m\u00e9todo que fragmentaba y buscaba separar, creando categor\u00edas cada vez m\u00e1s excluyentes; con ellas, se explicaba en detalle un limitado n\u00famero de fen\u00f3menos. As\u00ed, de la mano de las clasificaciones, se daban importantes pasos que permit\u00edan examinar los objetos \u2014minerales, animales, vegetales\u2014 del mundo. El empleo de este m\u00e9todo llev\u00f3 a incre\u00edbles descubrimientos.<\/p>\n<p>Simult\u00e1neamente, se consolidaba una visi\u00f3n, en el centro de la cual se encontraba el individuo. Los derechos, la libertad y el mismo concepto de autonom\u00eda se ergu\u00edan como importantes virtudes que destru\u00edan las antiguas supersticiones y la irracionalidad que hab\u00edan caracterizado los tiempos pasados. Este pensamiento no s\u00f3lo separaba el entonces del ahora, sino que su uso creaba una notable diferencia entre nosotros y el otro; despu\u00e9s de todo, se pensaba que estas antiguas formas de ver el mundo soportadas por la superstici\u00f3n subsist\u00edan en los pueblos no occidentales. Hoy ya no los llamamos salvajes o b\u00e1rbaros, ahora les decimos premodernos; sin embargo, en la mente de muchos, estos \u00abnativos\u00bb tienen algo en com\u00fan con los del pasado: necesitan una ayuda para acoger nuestra religi\u00f3n y nuestra forma de pensar. Despu\u00e9s de todo, muchos de ellos a\u00fan no entienden de d\u00f3nde viene el etn\u00f3grafo que cataloga los objetos que emplean, ordena sus mitos en secuencias o crea dise\u00f1os esquem\u00e1ticos de su cosmos.<\/p>\n<p>En este contexto, no resulta sorprendente que el pensamiento econ\u00f3mico occidental se desarrollara basado en una concepci\u00f3n que ve un ejemplo en el comportamiento del individuo. Este individuo es un personaje que se ha definido de acuerdo con una premisa b\u00e1sica: se trata de un sujeto que se mueve guiado por su propio inter\u00e9s. Sin embargo, se espera que este comportamiento individualista genere un beneficio social.\u00a0 As\u00ed se crea una sociedad ideal que ve con benepl\u00e1cito la competencia, que aspira a una alta producci\u00f3n y a un gran intercambio y que asume la acumulaci\u00f3n como una bendici\u00f3n. En esta sociedad no hay nada de qu\u00e9 preocuparse, puesto que la lucha mantendr\u00e1 los precios bajos tanto en la producci\u00f3n de los objetos como cuando \u00e9stos son introducidos en los mercados. Por otra parte, los mismos mecanismos evitar\u00e1n los abusos de los monopolios y permitir\u00e1n que los intereses sean bajos. Es como si existieran unos vasos comunicantes que llevan a nivelar los flujos, sin que para ello medie alg\u00fan esfuerzo. De este modo, la mano invisible, que a lo mejor so\u00f1\u00f3 una noche Adam Smith, posibilitar\u00e1 un adecuado desarrollo. Pero no son \u00e9stas las \u00fanicas ventajas que ofrece el sistema, ya que tambi\u00e9n vela por la tranquilidad del individuo. Cuando las cosas no van bien, se puede pensar que es por culpa de la econom\u00eda.<\/p>\n<p>As\u00ed el mezquino individuo tambi\u00e9n tiene derecho a ser irresponsable. En realidad no hay responsables, no hay responsabilidad ni culpa. Las cosas pasan. Una incre\u00edble contradicci\u00f3n se encierra en el interior de la sociedad que cre\u00f3 la ciencia. Una forma simplista de liberar culpas y justificar las decisiones del individuo que s\u00f3lo debe y puede pensar en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p><strong>La sociedad del nativo<\/strong><\/p>\n<p>Los cosmos de los nativos, en particular de aquellos que habitan en la Amazonia, tambi\u00e9n fueron creados por dioses. Los mitos nos hablan de c\u00f3mo ocurri\u00f3 esto; simult\u00e1neamente nos hablan de todo aquello que ha pasado. Uno de los m\u00e1s destacados antrop\u00f3logos del siglo que termin\u00f3 \u2014Claude L\u00e9vi-Strauss\u2014, quien hizo trabajos etnogr\u00e1ficos en la Amazonia, not\u00f3 c\u00f3mo los mitos no ofrecen una explicaci\u00f3n parcial sino que presentan una totalidad. El mito constituye una explicaci\u00f3n, que si bien no le da al hombre un poder t\u00e9cnico sobre la naturaleza, le ofrece la ilusi\u00f3n de entender todo. A diferencia de los europeos y sus descendientes, el procedimiento empleado para elaborar y manejar este conocimiento no se basa en reducir, dividir, fragmentar; por el contrario, all\u00ed la adici\u00f3n, la integraci\u00f3n, es la norma con la cual se organiza el conocimiento.<\/p>\n<p>Parad\u00f3jicamente, desde mediados del siglo xx Occidente ha intentado producir un conocimiento cuya caracter\u00edstica sea integrar; se busca entender complejos sistemas a partir de modelos que adicionan m\u00e1s y m\u00e1s variables. Basta ver los esfuerzos de los f\u00edsicos que buscan una teor\u00eda que unifique las fuerzas conocidas, o los intentos de los ec\u00f3logos por comprender la biosfera. Los nativos, por su parte, han integrado todo aquello que se sabe en un relato que se repite y se adapta a las circunstancias presentes. A esta primera diferencia entre occidentales y las sociedades premodernas la siguen otras. En los mundos de los nativos los humanos tambi\u00e9n son, como lo son en la historia religiosa de los europeos, centrales. Despu\u00e9s de todo, somos nosotros \u2014los humanos\u2014 quienes necesitamos a Dios, no \u00c9l a nosotros. A pesar de esta congruencia, existen importantes matices entre las concepciones de los dioses y las tareas que ellos imponen a los humanos. Hay que tenerlas en cuenta.<\/p>\n<p>Los dioses, al introducir a los humanos en las mitolog\u00edas amaz\u00f3nicas, intentaron establecer un orden.\u00a0 Quer\u00edan dar una direcci\u00f3n al mundo. Los mitos relatan m\u00faltiples intentos por imprimir esta direcci\u00f3n.\u00a0 En la tradici\u00f3n europea, Dios cre\u00f3 a los humanos a su semejanza; ellos deben alcanzar, al menos, una peque\u00f1a parte de la perfecci\u00f3n que \u00c9l encarna. De cierta manera aqu\u00ed, como en sus econom\u00edas, hay una fuerte dosis de individualismo. Por el contrario, en el mundo de estos \u00abotros\u00bb la intenci\u00f3n de los dioses fue organizar, a partir de aquello que es humano: la sociedad.\u00a0 Una visi\u00f3n comunal. El objeto de los humanos es socializar el mundo.<\/p>\n<p>A nadie le puede sorprender que durante el friaje los animales se re\u00fanan en sus comunidades para discutir, en un evento social, sus problemas. Despu\u00e9s de todo, ellos tienen su propia sociedad. Para el cham\u00e1n, la semejanza entre el comportamiento de las comunidades de los animales y los humanos es natural. No duda en afirmar que nosotros vemos a los animales como animales y ellos a nosotros en la misma forma. Sin embargo, cuando \u00e9l se transporta al mundo de los animales los ve como humanos. Viaja all\u00ed para reunirse con los representantes de estas comunidades, para negociar los intereses de su propia comunidad, o simplemente para suavizar los conflictos que surgen entre los grupos. Se puede afirmar por ello que hay una igualdad entre las sociedades de los humanos y las de los animales; se presume que las dos enfrentan problemas semejantes. En la historia (el mito), esta esencia social es fundamental y trasciende la sustancia. Por ejemplo, en el Vaup\u00e9s un mito barasana explica c\u00f3mo una peque\u00f1a ave, de piernas cortas y fr\u00e1giles, con un cuerpo ovalado, que prefiere cazar insectos en la noche, en un tiempo m\u00edtico cay\u00f3 en medio del silencio y la oscuridad primigenia. Asustada, pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfQui\u00e9n soy yo?\u00bb. En la oscuridad se escuch\u00f3 una voz que contest\u00f3: \u00abEres un hombre\u00bb. El p\u00e1jaro inquiri\u00f3 nuevamente: \u00ab\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa?\u00bb. La voz replic\u00f3: \u00abUna mujer\u00bb. As\u00ed aparecieron los primeros humanos. All\u00ed, en la selva, no existe ninguna contradicci\u00f3n entre la forma y la esencia: un peque\u00f1o p\u00e1jaro es el primer hombre, porque lo que lo hace hombre no es su sustancia, es su esencia.<\/p>\n<p>Una importante consecuencia que se deriva de este pensamiento es que si existen muchas sociedades semejantes en su funcionamiento a la de los humanos, \u00e9stas adquieren un valor semejante a la nuestra; es decir, la sociedad de los humanos es la principal para los humanos, pero no lo es para todas las otras. Un pensamiento que se aleja del hombre occidental, que domina la naturaleza dada su superioridad. Aqu\u00ed, en estos otros mundos, es necesario negociar debido a la \u00abigualdad\u00bb. En estas sociedades, desde la Amazonia hasta el \u00c1rtico, no es raro que el cazador, por ejemplo, realice un peque\u00f1o ritual para liberar el esp\u00edritu de la presa reci\u00e9n sacrificada.\u00a0 El cazador pide perd\u00f3n por el sacrificio que ha hecho.\u00a0 Despu\u00e9s de todo, est\u00e1 tomando la vida de uno de los miembros de una de estas sociedades de los animales.\u00a0 Ser\u00eda muy dif\u00edcil evitar que la gente se riera del carnicero que implora perd\u00f3n de rodillas a los cuerpos de los animales que cuelgan de un gancho en su negocio.<\/p>\n<pre><em>El cham\u00e1n se transforma en jaguar para recorrer la selva\r\nen la oscuridad de la noche, buscando los marcadores del cambio;\r\nindudablemente es un jaguar, pero solo puede ser un jaguar\r\n<\/em><em>porque es un cham\u00e1n<\/em><\/pre>\n<p>Otro notable contraste entre las concepciones de estas sociedades y \u00abOccidente\u00bb es la idea de transformaci\u00f3n. En el mundo de los nativos, el caos que antecedi\u00f3 a la sociedad poco a poco fue cobrando significado, ajust\u00e1ndose, cambiando para organizarse.\u00a0 Las relaciones sociales, tanto entre humanos como entre los miembros de otras especies, permitieron crear un orden que, como las mismas relaciones sociales, es cambiante. De modo que estos universos se edifican sobre la premisa de la mutaci\u00f3n, de un proceso que no tiene fin. All\u00ed no se puede pensar el mundo sin incluir una fuerte din\u00e1mica. Todo se encuentra en proceso de transformaci\u00f3n; una gran parte del oficio del cham\u00e1n consiste en estar atento a los cambios que se dan, interpretarlos, desarrollar la agudeza necesaria para identificarlos. Una visi\u00f3n que choca con aquella que se produjera en Europa desde sus inicios y que tanto trabajo le cost\u00f3 derribar a la ciencia.<\/p>\n<p>A pesar de todo, en Occidente nos gusta pensar en lo constante, nos gusta ignorar el cambio, estamos m\u00e1s c\u00f3modos con la inmutabilidad. Es cierto que dejamos cambiar las peque\u00f1as cosas, como la moda \u2014que parece repetirse en ciclos \u2014, o los peque\u00f1os detalles de las m\u00e1quinas que tenemos que remplazar cada tanto porque son obsoletas \u2014algunas tienen colores obsoletos\u2014, a pesar de que su funci\u00f3n y su dise\u00f1o no cambien. All\u00ed no hay resistencia. Cuando se habla de cambio clim\u00e1tico, por ejemplo, la resistencia puede ser brutal. Se requirieron muchos esfuerzos para que una parte del p\u00fablico empezara a tomar seriamente esta idea, pese a que desde la ventana de las casas de los pol\u00edticos y los legos se ve\u00edan los efectos de la modificaci\u00f3n del clima.<\/p>\n<p>La posibilidad del agotamiento de un determinado recurso es algo que muchos no pueden aceptar.\u00a0 Si llegan a hacerlo, siempre existe la tranquilizadora certeza de que todo seguir\u00e1 igual, pues alguien, en alg\u00fan lugar, est\u00e1 preparando una tecnolog\u00eda que nos dejar\u00e1 seguir actuando del mismo modo. As\u00ed podemos vivir en medio de una certeza m\u00edstica. Entre tanto, el cham\u00e1n se transforma en jaguar para recorrer la selva en la oscuridad de la noche, buscando los marcadores del cambio; indudablemente es un jaguar, pero s\u00f3lo puede ser un jaguar porque es un cham\u00e1n. Es un mundo sujeto a un continuo proceso, en constante mutabilidad, como lo es el mismo cham\u00e1n.<\/p>\n<p>Pese a estas diferencias, posiblemente la m\u00e1s significativa sea aquella que define lo que se puede ver. La mirada del nativo ve un mundo integrado; la mirada del occidental, una parcialidad. Act\u00faan de acuerdo con estas visiones. Cuando la enfermedad llega a la vida de un occidental, el m\u00e9dico general determina la localizaci\u00f3n del mal; si el tratamiento prescrito no funciona, se acude al especialista, un experto que sabe s\u00f3lo de una fracci\u00f3n del cuerpo y que no tiene problema en prescribir un medicamento bueno para aliviar el mal del \u00f3rgano en cuesti\u00f3n, pese a que sea p\u00e9simo para los dem\u00e1s \u00f3rganos del cuerpo. Es cierto: los medicamentos redujeron el colesterol en el paciente, pero l\u00e1stima que le ocasionaron un c\u00e1ncer en el h\u00edgado que result\u00f3 fatal. O bien, si es dif\u00edcil encontrar el punto de origen del mal siempre se puede recurrir a la cuarentena, ya que se piensa que el aislamiento, la separaci\u00f3n del grupo, protege a todos. Incluso a los enfermos. Esto es lo que hacemos en muchos casos en los cuales el diagn\u00f3stico es psiqui\u00e1trico: aislar. Cuando la enfermedad aqueja al nativo no se piensa que se trata de un mal individual, a todas luces la comunidad est\u00e1 enferma, como lo revelan los s\u00edntomas que aparecen en uno de sus miembros. El trabajo del cham\u00e1n consiste entonces en buscar las razones, en tanto alivia los s\u00edntomas. No se puede concebir al paciente en forma aislada, no se lo puede separar de la sociedad; por el contrario, hay que llevarlo a su interior, hay que protegerlo. No es raro que la enfermedad la cree una transgresi\u00f3n de las normas sociales, un delito que incumple el pacto sellado entre las sociedades que habitan el bosque. El excesivo consumo o la caza de los miembros de otras comunidades ha generado una retaliaci\u00f3n, ahora es necesario ser cuidadosos, intentar restablecer el balance.<\/p>\n<p><strong>Encuentros<\/strong><strong> <\/strong><\/p>\n<p>Hace cien a\u00f1os la comunidad de nativos encontr\u00f3 al etn\u00f3grafo: un solitario alem\u00e1n que deambulaba por el bosque, separado de su sociedad. En ese entonces los mundos, tanto del etn\u00f3grafo como de los nativos, se hallaban en el l\u00edmite del abismo. Ninguno de ellos lo sab\u00eda. Pronto, algunos eventos globales reorganizar\u00edan la totalidad del planeta. Los ej\u00e9rcitos recorrer\u00edan Europa sembr\u00e1ndola de muerte. Los aviones dejar\u00edan caer sus bombas aqu\u00ed y all\u00e1.<\/p>\n<p>A miles de kil\u00f3metros, en la selva, reclutar\u00edan a los ind\u00edgenas para extraer las materias primas, como el caucho, que se requer\u00edan para nutrir las m\u00e1quinas de muerte que los conocimientos adquiridos por medio de la ciencia hab\u00edan creado. Una espina se clavaba en el centro de la selva, y de ella crecer\u00edan los horrores de las caucher\u00edas, surgir\u00edan las primeras carreteras y se posibilitar\u00eda la extracci\u00f3n de otros recursos que tambi\u00e9n contribuir\u00edan a ganar o perder futuras guerras. Los v\u00ednculos de estos mundos se hab\u00edan profundizado, ineludibles sus relaciones, inevitable la crisis que las engloba.<\/p>\n<p>Ahora, con el tiempo, nos encontramos de nuevo en la encrucijada. Obviamente, la visi\u00f3n de los nativos no puede funcionar en el Occidente actual, ya que \u00e9sta fue creada por un mundo y para un mundo que ve\u00eda en el equilibrio y el cambio din\u00e1mico una bondad que les permiti\u00f3 vivir en un cosmos que control\u00f3 los excesos. Nadie tuvo tanto poder, nadie acumul\u00f3 m\u00e1s de la cuenta, nadie sac\u00f3 demasiado provecho. Todos, y nunca fueron muchos, han sido la sociedad que el cham\u00e1n intentaba mantener saludable. Es cierto, Occidente ha cambiado; no hace mucho tiempo otro etn\u00f3grafo, Gerardo Reichel-Dolmatoff, not\u00f3 las incre\u00edbles coincidencias entre la cosmovisi\u00f3n de una sociedad amaz\u00f3nica y la teor\u00eda general de sistemas.\u00a0 Coincidencias que emergen de la necesidad de ver una totalidad, de una respuesta que busca entender un conjunto. A pesar de ello, el mundo de los nativos es impensable en un paisaje que se define por los excesos: exceso de pobreza, exceso de abundancia, exceso de soledad. Excesos que se nutren indefinidamente de las carencias. Un mundo que no se puede pensar con los millones de millones de habitantes que luchan por unos recursos cada vez m\u00e1s escasos. Un mundo que naci\u00f3 con la promesa de un crecimiento sin l\u00edmites y que ahora descubre que el mayor l\u00edmite que pudo encontrar fue la propia ilusi\u00f3n de ser ilimitado.<\/p>\n<p>Es posible pensar, despu\u00e9s de todo, que exista una alternativa. El solitario etn\u00f3grafo y la comunidad nativa han sido, simplemente, el resultado de una mentalidad. Cada conjunto aliment\u00f3 sus pensamientos con actos que cambiaron sus realidades.\u00a0 Nuevas interpretaciones surgidas y soportadas por aquellas cosas que se hab\u00edan asumido les imprimieron la direcci\u00f3n a estos mundos. A lo mejor podemos crear una nueva mentalidad que asuma de un modo responsable la forma en que consumimos, la manera en la cual pensamos del otro. Una mentalidad que respete al otro \u2014naturaleza o humano\u2014, que lo vea como un socio con el cual se est\u00e1 dispuesto a negociar en aras de un beneficio com\u00fan. Hasta ahora, con tanta ganancia en este mundo, lo \u00fanico que hemos logrado es perder.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div>\n<hr size=\"1\" \/>\n<div>\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[*]<\/a> Santiago Mora es profesor del Departamento de Antropolog\u00eda de la Universidad de St. Thomas, en New Brunswick (Canad\u00e1). Realiz\u00f3 estudios de licenciatura en la Universidad de los Andes en Bogot\u00e1, de maestr\u00eda en la University of Gainesville (Florida) y obtuvo un doctorado de la Universidad de Calgary (Canad\u00e1). Sus trabajos de investigaci\u00f3n se centran en temas tales como el manejo de los recursos, los sistemas adaptativos y las tempranas sociedades de cazadores y recolectores de las tierras bajas suramericanas.<\/p>\n<p>[1] Publicado por la Revista N\u00famero 70, Bogot\u00e1\u00a0 diciembre 2011. <em>Fotograf\u00edas de Lilith<\/em><strong> <\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Santiago Mora[*] A principios del siglo \u00a0XX, un solitario etn\u00f3grafo alem\u00e1n recorr\u00eda la selva amaz\u00f3nica. Su trabajo bien habr\u00eda podido cambiar la forma en la cual descubrimos este mundo; lamentablemente, s\u00f3lo una selecta audiencia tuvo acceso a sus escritos. 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