{"id":2894,"date":"2016-07-31T15:40:50","date_gmt":"2016-07-31T20:40:50","guid":{"rendered":"http:\/\/jenzera.org\/web\/?p=2894"},"modified":"2016-07-31T15:46:14","modified_gmt":"2016-07-31T20:46:14","slug":"la-muchacha-y-el-jaguar-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/jenzera.org\/?p=2894","title":{"rendered":"La muchacha y el jaguar"},"content":{"rendered":"<h3><strong><a href=\"http:\/\/jenzera.org\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/Sergio-Ramirez1.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-2895\" title=\"Sergio Ramirez\" src=\"http:\/\/jenzera.org\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/Sergio-Ramirez1-150x150.png\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a><\/strong><\/h3>\n<h4><strong> <\/strong><\/h4>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><strong> <\/strong><\/h4>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><strong> Sergio Ram\u00edrez<\/strong><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n que triunf\u00f3 en Nicaragua en 1979 fue la \u00faltima del siglo XX en Am\u00e9rica Latina. Y fue, tambi\u00e9n, una revoluci\u00f3n corta, de apenas una d\u00e9cada, que tuvo la singularidad de terminar en 1990 con unas elecciones que sacaron al Frente Sandinista del poder conquistado con las armas.<\/p>\n<p>Durante esos 10 a\u00f1os Nicaragua fue una vitrina y un espejo. Una vitrina porque muchos quer\u00edan observar los pasos de una revoluci\u00f3n que se proclamaba distinta desde el comienzo. Y un espejo porque el rostro de aquella revoluci\u00f3n principiante pod\u00eda ser en el futuro el rostro de otras revoluciones novedosas en el continente.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s en tan corto tiempo se escribieron tantos art\u00edculos de opini\u00f3n, ni tantos libros, ni se abrieron tantos debates en los medios de comunicaci\u00f3n y en las universidades, acerca de lo que ocurr\u00eda en un pa\u00eds tan pobre. Y jam\u00e1s ning\u00fan otro hecho hist\u00f3rico, desde la Guerra Civil Espa\u00f1ola, atrajo tanto la presencia de intelectuales, artistas y escritores, porque el desmesurado enfrentamiento entre Estados Unidos y Nicaragua recordaba la lucha de Goliat contra David, y quer\u00edan ver con sus propios ojos lo que estaba ocurriendo.<\/p>\n<p>Por Nicaragua pasaron, entre tantos, cuatro premios Nobel de Literatura, G\u00fcnther Grass, Harold Pinter, Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez y Mario Vargas Llosa; algunos que debieron serlo, como Graham Greene, William Styron, Julio Cort\u00e1zar y Carlos Fuentes; y otro que podr\u00e1n llegar a serlo, como Salman Rushdie.<\/p>\n<p>Ven\u00edan a ver c\u00f3mo trabajaba un modelo que deb\u00eda convivir, entre contradicciones, sobresaltos y concesiones, con una realidad que no se amoldaba f\u00e1cilmente a un implante de esquemas ideol\u00f3gicos, y que deb\u00eda responder a los rigores impuestos por la guerra, a las penurias econ\u00f3micas y al entorno internacional; es decir, responder a las necesidades de la propia supervivencia.<\/p>\n<p>Pero para un observador extranjero, por mucho poder anal\u00edtico que mostrara, y por mucha perspicacia que tuviera, hab\u00eda muchas preguntas que necesariamente se quedaban sin responder. Concepciones y estrategias se hac\u00edan y deshac\u00edan en el camino, y el gran debate oculto se estaba dando entre ideolog\u00eda y realidad. Es decir, entre lo pretendido y lo posible. Y es un debate que termin\u00f3 ganando la realidad.<\/p>\n<p>Salman Rushdie, que vino en 1986, expres\u00f3 la gran pregunta alrededor del destino de la revoluci\u00f3n en un ep\u00edgrafe an\u00f3nimo de su libro <em>La sonrisa del jaguar<\/em>, resultado de la experiencia de ese viaje: Hab\u00eda una muchacha nicarag\u00fcense\/ que cabalgaba sonriendo a lomo de un jaguar.\/ Volvieron del paseo\/ la muchacha dentro\/ y la sonrisa en el rostro del jaguar. El jaguar pod\u00eda terminar devorando a la muchacha y quedarse con su sonrisa, \u00e9se era el gran riesgo, y la gran pregunta.<\/p>\n<p>Cuando Carlos Fuentes vino por segunda vez en enero de 1988, casi al borde del desenlace de la guerra de los <em>contras<\/em>, acompa\u00f1ado de William Styron, y cuando se daban m\u00e1s intensamente las \u00faltimas negociaciones de paz entre los presidentes centroamericanos, ya firmados los acuerdos de Esquipulas el a\u00f1o anterior.<\/p>\n<p>El periodista Stephen Talbot recuerda en un reportaje de la revista <em>Mother Jones <\/em>esa visita de los dos novelistas amigos: \u201cfueron en <em>jeep<\/em> a la sierra plagada de <em>contras<\/em> al norte de Matagalpa. En un helic\u00f3ptero sovi\u00e9tico sobrevolaron campos reci\u00e9n irrigados; cruzaron una y otra vez un lago en una embarcaci\u00f3n tan desvencijada y oxidada como <em>The african queen<\/em>; visitaron cooperativas agr\u00edcolas en lucha y una f\u00e1brica de calzado baldada por la escasez; hablaron con los heridos en tristes salas de hospital\u2026 y hablaron durante horas con los dirigentes sandinistas Daniel Ortega, Sergio Ram\u00edrez, Tom\u00e1s Borge, Ernesto Cardenal y Jaime Wheelock\u201d.<\/p>\n<p>En una de esas conversaciones acerca de las posibilidades que ten\u00eda la <em>contra<\/em> de derrotar a los sandinistas, Tom\u00e1s Borge \u201cdijo decididamente que algo as\u00ed era imposible, porque los <em>contras<\/em> van a contrapelo de la historia\u201d. Fuentes interrumpi\u00f3 para preguntar: \u00bfY cu\u00e1l fue la experiencia de Guatemala en 1954 y de Chile en 1973? \u00bfNo se demostr\u00f3 que la izquierda puede ser derrotada? No, respondi\u00f3 Borge, cortante. Ellos no armaron al pueblo, por eso perdieron.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, recuerda Talbot, se discuti\u00f3 sobre el tema de los partidos de oposici\u00f3n. Borge dijo que su opini\u00f3n personal era que ning\u00fan partido de oposici\u00f3n pod\u00eda llegar a ganar a los sandinistas en las urnas. Ahora no, asinti\u00f3 Fuentes, pero en el futuro, \u00bfpor qu\u00e9 no? S\u00f3lo si son antimperialistas y revolucionarios, proclam\u00f3 Borge, si un partido reaccionario ganara, yo dejar\u00eda de creer en las leyes del desarrollo pol\u00edtico. Yo no estar\u00eda tan seguro de estas leyes, advirti\u00f3 Fuentes. A veces, los novelistas se vuelven profetas de la historia.<\/p>\n<p>G\u00fcnter Grass vino en mayo de 1982, acompa\u00f1ado del escritor Johano Strasser. Su pregunta, la de un socialdem\u00f3crata convencido, partidario firme de Willy Brandt y testigo de primera fila del conflicto este-oeste que hab\u00eda dividido Berl\u00edn, era, al llegar a Nicaragua, la misma de Salman Rushdie: \u00bfEmpezar\u00eda la revoluci\u00f3n a devorar a sus propios hijos? \u00bfSe comer\u00eda el tigre a la muchacha? Lo escribi\u00f3 en su reportaje <em>El patio trasero<\/em>, publicado a su regreso a Alemania.<\/p>\n<p>Me asombro de estar hablando de acontecimientos tan lejanos, cuando siento que a\u00fan puedo tocarlos, ver a Vargas Llosa en mi despacho de la Casa de Gobierno grabando frente a la c\u00e1mara las entradas de la entrevista que acababa de hacerme para su programa <em>La torre de Babel<\/em> que se pasaba en Lima por Panamericana de Televisi\u00f3n.<\/p>\n<p>La historia que empez\u00f3 a escribirse despu\u00e9s tuvo pocos testigos, y la que se escribe ahora ya nadie viene a verla. Todo el encanto de entonces se hizo humo. En aquellos tiempos de esplendor, Noam Chomsky daba cursos en la Universidad Centroamericana en Managua, Joan Baez cantaba en el Teatro Nacional, uno pod\u00eda toparse en las calles con Allan Ginsberg o con Lawrence Ferlinghetti, dos de los grandes poetas de la generaci\u00f3n beat. O ver a Garc\u00eda M\u00e1rquez leyendo en una plaza ante miles.<\/p>\n<p>Ahora son tiempos cuando ya s\u00f3lo queda el jaguar que se pasea con la muchacha dentro de la barriga.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Masatepe, julio 2016<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sergio Ram\u00edrez &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; La revoluci\u00f3n que triunf\u00f3 en Nicaragua en 1979 fue la \u00faltima del siglo XX en Am\u00e9rica Latina. 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