{"id":1490,"date":"2012-08-15T17:20:58","date_gmt":"2012-08-15T22:20:58","guid":{"rendered":"http:\/\/jenzera.org\/web\/?p=1490"},"modified":"2012-08-22T16:07:34","modified_gmt":"2012-08-22T21:07:34","slug":"1490","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/jenzera.org\/?p=1490","title":{"rendered":"La cama o la calle"},"content":{"rendered":"<div>\n<p style=\"text-align: left;\"><strong><strong><a href=\"http:\/\/jenzera.org\/web\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/Yoani-S\u00e1nchez.png\"><a href=\"http:\/\/jenzera.org\/web\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/Yoani-S\u00e1nchez.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1597\" title=\"Yoani S\u00e1nchez\" src=\"http:\/\/jenzera.org\/web\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/Yoani-S\u00e1nchez.png\" alt=\"\" width=\"240\" height=\"186\" \/><\/a><\/a><\/strong><\/strong><strong>Yoani S\u00e1nchez [1]<br \/>\n<\/strong>Gotas de sudor, baile, caderas en movimiento, ojos insinuantes. Es de noche, en una fiesta habanera y la tensi\u00f3n er\u00f3tica se siente como una presencia tangible, corp\u00f3rea. Las miradas se cruzan, los gestos pactan un encuentro en la oscuridad, los labios acuerdan sin palabras la batalla de besos que llegar\u00e1 despu\u00e9s. En esta Isla la sexualidad parece salirse por los poros y las esquinas, brotar incluso del asfalto. Las ropas apretadas, las sonrisas insinuantes, las frases lascivas, destilan una sensualidad que impacta a quienes visitan por primera vez Cuba. Da la impresi\u00f3n de que a cada minuto nos podr\u00edamos topar en mitad de la calle con alguna escena de alcoba. La gente hace constantemente bromas alusivas al sexo y decenas de palabras designan, en el lenguaje popular, a los genitales. Alguien reci\u00e9n llegado a nuestra realidad creer\u00eda que hemos dejado atr\u00e1s todo tab\u00fa alrededor del goce carnal y que hemos superado cualquier postura timorata.<\/p>\n<\/div>\n<p>Sin embargo, detr\u00e1s de esa explosi\u00f3n visible de goce y placer, se esconde una mentalidad pacata a la hora de abordar el coito. El desparpajo que brota de los bailes y de las expresiones, contrasta con el rubor o el silencio si se trata de explicar a los hijos la sexualidad o hablar en serio del tema. Tambi\u00e9n esa desenvoltura sensual se topa de bruces con el encartonado discurso oficial. Al gobierno cubano siempre le ha sido dif\u00edcil manejar el car\u00e1cter demasiado l\u00fabrico de sus gobernados. Al sobrio modelo implantado en el pa\u00eds le hubiera venido mejor un hombre tremendamente formal, con las cintura menos suelta. Pero tambi\u00e9n esa caracter\u00edstica ha sido muy explotada por la Seguridad del Estado, que pesquisa las intrigas surgidas en las camas y las convierte en material de extorsi\u00f3n. Cu\u00e1ntas veces no hemos escuchado decir <em>\u201ca ese parece que le tienen guardadas un par de fotos comprometedoras, porque est\u00e1 tan calladito\u2026\u201d.<\/em> Figuras p\u00fablicas, diplom\u00e1ticos, corresponsales extranjeros, disidentes, generales y funcionarios; espiados y documentados en el ejercicio de amar y dejarse amar. Todo un archivo narrando poses, encuentros, historias de almohadas, para ser usado en el justo momento en que alguien deba ser sacado del camino. Esa pr\u00e1ctica ha sido tan extendida que muchos cubanos intuyen que en mitad de un orgasmo puede haber un ojo espi\u00e1ndolos desde el hueco de una puerta, una c\u00e1mara escondida en la l\u00e1mpara del techo o un micr\u00f3fono insertado en el propio cuerpo del amante.<\/p>\n<p>Esa mezcla de paranoia y \u00e9xtasis, ha sido muy bien narrada en la novela \u201cLa mujer del Coronel\u201d de Carlos Alberto Montaner. La historia est\u00e1 enmarcada en los a\u00f1os ochenta, cuando tropas cubanas apoyaban al MPLA en la guerra de Angola. El coronel Arturo G\u00f3mez recibe un sobre amarillo que contiene las pruebas de la infidelidad de su esposa, durante un viaje de \u00e9sta a Italia. A partir de ese momento la vida de ambos queda reducida a un expediente pol\u00edtico en manos de oficiales con \u00ednfulas de detectives, representantes de una supuesta moral revolucionaria que ven en el acto de ella una traici\u00f3n a la patria. Lo \u00edntimo pierde su condici\u00f3n de privado, el placer se trastoca en culpa y cada gemido de satisfacci\u00f3n tendr\u00e1 que ser purgado. En un sistema totalitario, no es posible que un individuo atesore el secreto de un adulterio. Hay que sacarlo a la luz p\u00fablica, darle un escarmiento, se\u00f1alarlo con el dedo, hacerle saber que el ojo del Gran Hermano ha visto su conducta casquivana y no se lo perdona. Si encima de eso la infiel es una mujer casada con alg\u00fan militar o con un alto funcionario, entonces el escarnio ser\u00e1 ejemplarizante. La cama se vuelve una trampa que termina en m\u00e1s control, las s\u00e1banas en redes de una cacer\u00eda pol\u00edtica y el amor carnal en el desliz por el que aguardan los verdugos ideol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>Este es un libro donde se analiza el sexo y el poder. Su lectura develar\u00e1 al lector el espejismo de la llamada moral revolucionaria, la falsedad de esa pose de ascetismo militante. Quienes acusan a Nuria de ad\u00faltera, eval\u00faan su carne, clavan la vista en sus redondeces, a la espera de canjearle su cuerpo desnudo por cierta misericordia. Pero m\u00e1s all\u00e1 de toda esa intromisi\u00f3n de lo estatal en lo personal, \u201cLa mujer del coronel\u201d es una novela de un erotismo dulce, que se escapa de la chata realidad de aquellos a\u00f1os de subsidio sovi\u00e9tico. Las escenas er\u00f3ticas, muchas de las cuales nos llegan a trav\u00e9s de ep\u00edstolas que le escribe el amante italiano a Nuria, mezclan el impudor moderno y una majestuosidad sempiterna. Tal vez porque una parte de ellas tienen como escenario a la ciudad de Roma salpicada de historia y sitios arqueol\u00f3gicos. Nuria experimenta fuera de Cuba esa libertad de los sentidos y los deseos que sabe estrictamente vigilada en su pa\u00eds. El profesor Valerio Martinelli la ayuda a redescubrir a la mujer debajo de las poses, de las m\u00e1scaras, del oportunismo y de los silencios. Su liberaci\u00f3n como ciudadana empieza en este caso por el sexo, brota de su vagina.<\/p>\n<p>Pero nadie que viva bajo un totalitarismo puede escapar de su control. Incluso en el extranjero, Nuria es seguida por la Seguridad del Estado. Su placentero acto de emancipaci\u00f3n carnal se convertir\u00e1 en un expediente policial para presionarla. La cama como la tentadora trampa en la que se cae una y otra vez, como el premio que despu\u00e9s traer\u00e1 un grave correctivo.<\/p>\n<p>La fogosidad de la protagonista, su necesidad de expresarse en la c\u00f3pula guarda mucha relaci\u00f3n con el sexo como escapada que tanto se practica en Cuba. La ausencia de espacios de respeto para la libre expresi\u00f3n y asociaci\u00f3n, nos lleva a expresarnos en gemidos, en espasmos. En lugar de lanzar un adoqu\u00edn, nos desahogamos en una felaci\u00f3n; antes que demandar los derechos c\u00edvicos, metemos nuestra lengua en otra boca\u2026 gesto que por dem\u00e1s no nos permite hablar mientras lo hacemos. Acariciar por protestar, fugarse en un orgasmo para no enfrentarnos a los antimotines\u2026 mostrarnos apasionados, ya que no podemos mostrarnos libres. La cama como v\u00e1lvula de escape, hacia la que nos empujan, pero tambi\u00e9n en la que nos vigilan y nos atrapan.<\/p>\n<div>\n<hr size=\"1\" \/>\n<div>\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> Yoani S\u00e1nchez escribi\u00f3 este texto para la presentaci\u00f3n en Italia del libro de Carlos Alberto Montaner, \u201cLa mujer del coronel\u201d (La moglie del colonnello).<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yoani S\u00e1nchez [1] Gotas de sudor, baile, caderas en movimiento, ojos insinuantes. 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